Desde que Donald Trump fue elegido presidente en noviembre de 2024, la fortuna conjunta de los milmillonarios del planeta ha crecido tres veces más rápido que el promedio anual de los cinco años anteriores. Aunque el mayor crecimiento corresponde a los milmillonarios estadounidenses, la riqueza de los milmillonarios de otras partes del mundo también ha experimentado incrementos de dos dígitos. Las medidas adoptadas en lo que llevamos de mandato del presidente Trump han beneficiado a las personas más ricas del mundo, ya sea defendiendo una mayor desregulación o frenando la puesta en marcha de acuerdos que supondrían una mayor tributación efectiva de las grandes corporaciones.
Por primera vez en la historia, el número total de milmillonarios en el mundo ha superado los 3000, y su riqueza combinada ha alcanzado un valor sin precedentes. En octubre de 2025, el hombre más rico del mundo, Elon Musk, se convirtió en la primera persona en acumular una riqueza superior a medio billón de dólares. Mientras tanto, una de cada cuatro personas en todo el mundo pasa hambre.
Para un milmillonario resulta sencillo adquirir yates enormes o multitud de casas de lujo alrededor del mundo. Existen muchas razones para criticar este consumo excesivo en un mundo enormemente desigual, donde la mayoría de las personas tienen muy poco y en un planeta que, además, tampoco puede permitirse las enormes emisiones de carbono derivadas de esos excesos. Algunas voces cuestionan estas críticas, que tachan de “política de la envidia”.
Sin embargo, muy pocas cuestionarían el retroceso democrático o de los principios de equidad que supone que los milmillonarios utilicen su fortuna para influir sobre actores políticos, presionar a un Gobierno, comprar un medio de comunicación o una red social, o para procurarse los equipos jurídicos más caros frente a cualquier oposición para garantizarse impunidad total ante la justicia. Con un poder así, los milmillonarios tienen nuestro futuro en sus manos, socavando la libertad política y erosionando los derechos de la mayoría de las personas.
El control e influencia de los más ricos sobre la política no es algo nuevo; de hecho, se trata de un fenómeno habitual en países de todo el mundo. Sin embargo, todo lo sucedido en los Estados Unidos en 2025 tal vez lo haya hecho aún más visible y evidente: en un país tras otro, los más ricos no solo han acumulado más riqueza de la que podrían gastar jamás, sino que también han utilizado esta riqueza para asegurarse el poder político necesario para definir las normas que conforman nuestras economías y rigen las naciones. Al mismo tiempo, estamos presenciando en todo el mundo la erosión y el retroceso de los derechos civiles y políticos de la mayoría de la población, así como la represión de las protestas y el silenciamiento de las voces disidentes. Hace ya un siglo, ante la entonces abrumadora desigualdad en Estados Unidos, el juez del Tribunal Supremo Louis Brandeis afirmó: “Tenemos que elegir. Podemos tener una riqueza extrema concentrada en manos de unos pocos, o podemos tener democracia, pero no podemos tener ambas cosas”. Este informe trata sobre esta elección. Sobre cómo Gobiernos de todo el mundo están tomando la decisión incorrecta, al anteponer los intereses del gran capital frente a la defensa de las libertades. Poniéndose del lado de los más ricos. Están eligiendo reprimir el descontento de la ciudadanía por el elevado costo de la vida, en lugar de optar por mecanismos de redistribución de la riqueza hacia el conjunto de la población.
Nuestro informe en los medios
- La Jornada: Fortunas de megarricos crecieron 200% más rápido en 2025: Oxfam
- La Jornada: Milmillonarios del mundo aumentaron sus riquezas vertiginosamente en 2025: Oxfam
- El País: Oxfam Intermón alerta de un mundo con multimillonarios cada vez más ricos
- El Universal: Riqueza de ultrarricos creció tres veces más rápido en 2025; era Trump agravó desigualdad, señala Oxfam
- Reporte Indigo: Riqueza de milmillonarios alcanza récord en 2025 bajo la sombra de Trump: Informe Oxfam
- Expansión: Oxfam: Los ultrarricos tienen 4,000 veces más probabilidades de ocupar un cargo político

