No estamos ante una generación pasiva, sino sobre todo frente a una población de mujeres jóvenes que cuidan y subsidian al país.
Esta realidad no es una coincidencia biográfica, sino una construcción social y política.
Aunque no se reconoce y no se remunera en la mayoría de los casos, cuidar es un trabajo que genera valor a nuestra sociedad, incluso bajo los criterios de la economía productiva. De ser considerado como parte de la contabilidad nacional, el trabajo doméstico y de cuidados sería el sector productivo más importante de México y las mujeres, sus protagonistas.
También bajo los criterios de la economía productiva, a las personas jóvenes que aparentemente no estudian y no trabajan se les denomina de forma despectiva “ninis” en la discusión pública. Esta etiqueta social tiene la función de señalar que las personas jóvenes no están cumpliendo el mandato de ser productivas o de ganarse lo que tienen mediante su esfuerzo.
Sin embargo, 3 de cada 4 personas jóvenes que aparentemente no estudian ni trabajan son mujeres que trabajan cuidando, sin reconocimiento y sin pago. Casi 8 de cada 10 personas que no estudian y no trabajan en una actividad productiva son mujeres y alrededor de 9.5 de cada 10 mujeres que no estudian y no trabajan se dedican a cuidar de otras personas. Las ninis no existen, son mujeres jóvenes que cuidan.
¿Quiénes son las mujeres jóvenes que cuidan en México?
Si hubiera que poner rostro a las mujeres jóvenes que cuidan descubriríamos que la mayoría son madres (59.2 %) de entre 25 y 29 años (2 de cada 5) que viven en pareja (6 de cada 10) y cuya trayectoria educativa se detuvo en la secundaria (4 de cada 10). En buena medida, se trata de jóvenes expulsadas por el sistema educativo que se convierten en madres desde temprana edad: mujeres dedicadas por completo al hogar y a la crianza de sus hijes. Mientras que el término “ama de casa” reconoce un papel social, la etiqueta “nini” las borra por completo de los mapas familiares, sociales y productivos, haciendo que su trabajo diario parezca “inactividad laboral” que justifica el estigma social y oculta el abandono del estado.
Por su parte, las jóvenes de entre 15 y 19 años son un sostén intergeneracional invisibilizado, ya que no cuidan a su descendencia, sino que podemos inferir que procuran a personas de diferentes edades de sus redes más cercanas. Las jóvenes de 15 a 19 años representan alrededor de una quinta parte del total de mujeres jóvenes que cuidan. Entre ellas, 4 de cada 5 no tienen hijes y 2 de cada 3 son solteras; casi la mitad vive en zonas rurales (42.9 %) y su trayectoria escolar también se detiene en la secundaria (48.3 %).
En promedio, ellas dedican 3.8 horas diarias a los cuidados de hermanos, tíos, abuelos y familiares enfermos, pero también a realizar labores domésticas para que otras personas del hogar tengan oportunidad de salir a trabajar de forma remunerada. Así, no solo cuidan, sino que también subsidian al sistema económico y a la participación del resto de su familia en el mercado laboral a costa de su propio tiempo y proyecto de vida.
