La “nube” es una de las metáforas más poderosas de la industria de la inteligencia artificial y, al mismo tiempo, la realidad a la que se refiere, los centros de datos, representa una de las actividades industriales vinculadas al desarrollo de la tecnología con una intensa expansión.

Los centros de datos son una pieza fundamental de los engranajes de la industria de la inteligencia artificial. Son el lugar donde se acumulan y procesan las ingentes cantidades de datos que necesitan los modelos de lenguaje que sostienen las herramientas de inteligencia artificial generativa, la que se ha industrializado, popularizado y masificado en los últimos años. Esta expansión de la inteligencia artificial generativa se presentó como la tabla de salvación del sector tecnológico que, tras la Covid19, se enfrentaba a la necesidad de redimensionar sus actividades. La promesa de espectaculares desarrollos basados en la inteligencia artificial ha atraído cantidades de inversión sin precedentes al grupo muy selecto de las grandes tecnológicas.
A pesar de las incertidumbres alrededor de la inteligencia artificial, empezando por su rentabilidad, las grandes corporaciones continúan animando esta dinámica de atracción de capital anunciado enormes inversiones que alimentan las expectativas de los mercados. Una parte de estas inversiones se dedican a aumentar la capacidad de cómputo a través de la construcción de centros de datos.
Al mismo tiempo, la construcción de estas instalaciones llega precedida de importantes campañas de relaciones públicas, pero, cada vez más, también envueltas en intensas polémicas. Los discursos oscilan entre las enormes cifras de inversión y la alta exigencia de recursos de la industria de los centros de datos; entre las pretendidas ventajas de su implantación y los impactos ecosociales.
En este documento hemos querido acercarnos a esa encrucijada, para empezar a tener información sobre el valor social real de la industria de los centros de datos y sus costos múltiples asociados. Para ello, nos hemos fijado en dos casos, dos contextos geográficos diferentes con una rápida expansión de implantación de centros de datos: el estado mexicano de Querétaro y la comunidad española de Aragón. A través de este análisis intentamos extraer patrones y señalar diferencias, para construir una opinión informada y crítica sobre esta realidad.
