Desde Estados Unidos hasta Dinamarca y desde España hasta Brasil, en buena parte del mundo se habla de impuestos a la riqueza para reducir y reparar las desigualdades. Qué gran fortuna que la conversación ya esté también en México.
Hace un par de semanas el diputado José Luis Sánchez del Partido del Trabajo (PT) presentó una iniciativa de ley para que el sistema fiscal mexicano incluya un impuesto a las grandes riquezas. Vale la pena detenerse unos minutos para pensar en lo que implica a la luz de otras iniciativas similares.
Más allá de sus detalles técnicos, es de celebrarse que haya legisladores que se sumen con propuestas a una exigencia creciente: la creación de sistemas fiscales que respondan ante la crisis de desigualdad mundial que cruza, aunque sea de formas distintas, a todos los países.
¿Y esto qué tiene que ver con Mario Kart? Ahí va. Llevo mucho tiempo leyendo y pensando en cómo usar el videojuego de carreras como una metáfora útil para explicar conceptos como la redistribución, la fortuna y la competencia. Incluso hay quien lo llama «Mario Kart Economics«. La explicación es muy simple: cuanto más adelante vas en la carrera, peores son los ítems que te aparecen. Es decir, el sistema te ofrece menos ventajas. En contraste, los jugadores más rezagados obtienen ítems que les brindan más oportunidades de volver a la competencia.

Con esta lógica, podemos pensar que la ‘conchita azul’ es un buen símil de los impuestos a la riqueza. Cuando la desigualdad es demasiada, le quita algo de su ventaja a las personas más ricas (el primer lugar) y permite que las más pobres (el último lugar) acorten la brecha con el resto de los jugadores.
En el mundo real, cada sociedad puede diseñar sus conchitas azules y hoy vemos con esperanza que se está volviendo a contemplar su uso en varias latitudes. La extrema concentración de la riqueza en el mundo hace inevitable reconocer que quienes van en primer lugar en estas carreras no están ahí por su habilidad, sino porque el algoritmo está diseñado para no dejar de darles los mejores ítems.[1]
Cuando leí al respecto, me sorprendió descubrir que para la primera ministra danesa, la desigualdad en Dinamarca es demasiada. Por ello, cuando adelantó las elecciones, decidió centrar su campaña en un impuesto renovado sobre los grandes patrimonios. Lo que no me sorprendería es que la ministra resulte ser aficionada a Mario Kart, puesto que apuesta por medidas progresivas y reconoce, al anunciar su propuesta, que la fortaleza de la sociedad danesa proviene precisamente de ser un pueblo igualitario.[2]
De ese mismo lado del Atlántico, pero al sur del continente europeo, España se convirtió en el país más reciente en decidir colaborar con especialistas internacionales para estudiar la progresividad de su sistema fiscal y desarrollar su conchita azul a la medida. El Ministerio de Hacienda y el International Tax Observatory (ITO) firmaron un convenio que seguramente dará mucho de qué hablar.
Sin embargo, el primer país que firmó una colaboración de este tipo con el ITO está en América Latina. En 2024, Brasil comisionó a Gabriel Zucman (director del ITO) para realizar dos análisis clave que sustenten su apuesta por la reducción de las desigualdades globales y nacionales. Primero, un reporte sobre un estándar mínimo de tributación de las grandes fortunas que presentó al G20 y, segundo, un estudio con datos administrativos sobre la progresividad del sistema fiscal brasileño.[3] Así, el debate sobre la reforma del impuesto sobre la renta en Brasil se benefició de evidencia inédita que, a la postre, dio lugar a una de las modificaciones fiscales más progresivas en los últimos años.[4]
Mientras más países estudian la progresividad de sus sistemas fiscales con la metodología que propone el observatorio, más queda claro que, sea cual sea la pista, los ultrarricos no están jugando con las mismas reglas que el resto.[5] Dicha evidencia sugiere que este patrón se repite en nuestro Rainbow Road mexicano. Sin embargo, mientras no se transparenten los microdatos tributarios desagregados conforme a estándares internacionales, será imposible saber a ciencia cierta si los ultrarricos mexicanos contribuyen con estrellitas o con puros platanitos a los ingresos públicos.[6]
Por último, en Estados Unidos, tres estados tradicionalmente demócratas avanzan en el diseño de sus propias conchitas azules. Mientras en California habrá un referéndum ciudadano sobre un impuesto único de 5 % a los milmillonarios, en Washington se aprobó un impuesto estatal de 9.9 % a los ingresos superiores a un millón de dólares y en Nueva York se está discutiendo un impuesto similar.
De vuelta en México, vale la pena recordar que la iniciativa del PT no es la única que ha llegado a las comisiones de la Cámara de Diputados en los últimos años.[7] Y, si bien queda mucho por hacer en materia de impuestos a la riqueza, los cobros de adeudos históricos de algunos de los grupos empresariales más grandes han sido y seguirán siendo piezas importantes de una eventual conchita azul a la mexicana.
En Dinamarca, que el 1 % más rico concentre 21 % de la riqueza neta se considera una afrenta a los valores igualitarios que han distinguido al país en el último siglo. La iniciativa que se está discutiendo allá implica que los 22 mil daneses más ricos paguen 0.5 % de impuestos sobre fortunas que superen los 25 millones de coronas (~68 millones de pesos). Con ello, esperan recaudar alrededor de 6 mil millones de coronas adicionales (~16.5 mil millones de pesos).
En México, el 1 % más rico concentra 40 % de la riqueza privada nacional. La iniciativa del PT propone que las personas con fortunas superiores a 100 millones de pesos paguen una tasa anual que va del 1.5 % a 3.5 % para fortunas de más de mil millones, con lo que se estima una recaudación de entre 40 y 60 mil millones de pesos anuales.

Aunque es una cifra considerable (grosso modo equivalente a la deuda total de Grupo Salinas con el SAT), en términos de su impacto per cápita es una iniciativa mucho más modesta que la danesa.[1] En Oxfam México, hace casi un año publicamos el Decálogo por la Justicia Fiscal, un documento en el que detallamos propuestas ambiciosas y realizables de conchitas azules, pensadas para que la brecha entre los más ricos del país y el resto de las personas se reduzca considerablemente.
Por lo pronto, lo más importante es reconocer dos cosas: en México nunca hemos tenido conchitas azules de verdad… y cada vez es más evidente la falta que nos hacen. La pregunta ya no es si las necesitamos. Queda claro que sí. La discusión debe ser sobre qué conchitas azules y qué otros ítems debe contemplar nuestro sistema fiscal para que este Rainbow Road que habitamos sea verdaderamente justo y todas podamos soñar con disfrutarlo.
Para leer más: https://archive.ph/Go2jK. Este artículo en inglés describe el fenómeno y habla de más países y lugares que buscan sus conchitas azules.
[1] La iniciativa danesa resultaría en aproximadamente $3,000 pesos más en el presupuesto público por habitante, mientras que la del PT resultaría en poco menos de $400 pesos más por habitante.
[1] Una descripción de cómo opera este algoritmo en México puede encontrarse en nuestro informe Beneficios en fuga
[2] Si te interesa saber más al respecto, nuestras colegas de Oxfam Dinamarca hicieron un Q & A buenísimo.
[3] El estudio demuestra que quienes ganan más de un millón de dólares en Brasil (el 0.01 % más rico) pagan, en promedio, menos de la mitad (20.6 %) de lo que contribuye el resto de la población (42.5 %).
[4] La reforma consiguió que las personas con ingresos menores a 5 mil reales mensuales (~16.8 mil pesos) ya no paguen ISR, a cambio de que las personas con ingresos mayores a 1.2 millones reales anuales (~4 millones de pesos) paguen una tasa mínima de 10 %.
[5] En abril de 2025 sucedió la International Conference on Taxing Billionaires en la Escuela de Economía de París (PSE). En ella, se presentaron investigaciones procedentes de Francia, Países Bajos, Italia, Reino Unido, Brasil, Estados Unidos, Noruega y Suiza que mostraron tendencias sorprendentemente similares en cuanto a la acumulación de riqueza por parte de los multimillonarios y a los bajas efectivas de impuestos que pagan.
[6] En el último informe de Oxfam México, Oligarquía o Democracia, desarrollamos más una propuesta en ese sentido.
[7] Hace tres años un grupo de cinco legisladoras y legisladores de Morena, en colaboración con la Alianza por la Desigualdad y otras aliadas, presentaron una iniciativa para incorporar el concepto de progresividad a la constitución. Más recientemente, la diputada Laura Ballesteros de Movimiento Ciudadano retomó una propuesta de la Alianza por la Justicia Fiscal para cobrar un impuesto a la tenencia de yates, jets y helicópteros de lujo.
