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Desempleo y reinserción: la otra cara de la justicia laboral

El debate sobre la justicia laboral está incompleto. Casi siempre pensamos en condiciones de trabajo, salarios dignos, libertad sindical o seguridad social para quienes ya tienen un empleo formal; pero rara vez tenemos el mismo nivel de exigencia para quienes se han quedado fuera. Ahí, en esas puertas cerradas, se esconde una de las crisis de desigualdad más profundas de nuestra sociedad.

Vivir el desempleo no solo significa dejar de percibir ingresos. Si hablamos de justicia laboral, debemos hablar de cómo la falta de empleo genera dependencia económica, deteriora la salud mental y aísla a las personas. El desempleo prolongado rompe rutinas, altera proyectos de vida y tensiona las redes familiares, que terminan siendo la última red de apoyo. A esto se suma la frustración de chocar con un mercado laboral que muchas veces opera en círculos cerrados, donde las recomendaciones y los conocidos pesan más que el talento y la experiencia.

No podemos seguir tratando el desempleo como un fracaso individual cuando los datos evidencian un problema estructural. En México, las cifras oficiales de cierre de 2025 reportan 1.6 millones de personas desocupadas. Y la verdadera magnitud de la exclusión se esconde en los 5.3 millones de personas que están disponibles para trabajar, pero que ya no buscan empleo de forma activa. El desaliento no es falta de voluntad; es la respuesta a un sistema que expulsa.

Vale la pena preguntarnos a quiénes está dejando fuera el mercado laboral y por qué. Esta exclusión no es neutral: tiene género, edad, condición socioeconómica, territorio y una larga lista de discriminaciones acumuladas.

Tiene un sesgo de género innegable: que hoy solo 46 de cada 100 mujeres sean económicamente activas, frente a 75 de cada 100 hombres, no significa que estén «inactivas». Para muchas, el desempleo no se explica sin hablar de las tareas de cuidado que han interrumpido sus trayectorias de vida. Las mujeres subsidian la economía del país al sostener la mayor parte del trabajo no remunerado, una labor cuyo valor equivale al 23.9% del PIB nacional, según el INEGI.

También existe una enorme barrera generacional. Pienso especialmente en las personas mayores de 50 años. De nada sirve que se hable de prolongar la vida laboral si no se combaten los sesgos por edad en los procesos de contratación. Hoy tenemos un entorno que expulsa con facilidad, pero que pone mil trabas para la reincorporación.

Si sumamos una mirada interseccional, las barreras son aún más altas para quienes enfrentan racismo, viven con discapacidad o cargan con historias laborales marcadas por la informalidad.

La protección social se creó para prevenir la pobreza y la vulnerabilidad a lo largo de la vida. Y aquí, México tiene una deuda histórica: nuestros esquemas de seguridad social no contemplan el desempleo a nivel nacional. No existe un seguro de desempleo universal en el país. Salvo por algunos programas locales y aislados (como los de CDMX o Estado de México), una «solución» institucional que se da a las personas es el retiro por desempleo de su Afore, lo que merma sus propios ahorros y sacrifica su pensión futura solo para sobrevivir el presente.

Por eso, hablar de justicia laboral exige defender el derecho a una reinserción digna, exigir políticas que no abandonen a quienes quedan fuera y hablar con mayor honestidad sobre cómo el mercado descarta a las personas.

Quizá hace falta ampliar nuestra idea de justicia laboral: dejar de pensarla solo para quienes tienen trabajo, y empezar a construirla también para quienes buscan volver a tenerlo y solo encuentran puertas cerradas.

Quedar fuera del trabajo es otra forma de desigualdad. Nombrarla es el primer paso para cambiarla.

Fuentes:

  • INEGI: Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE, 2025).
  • INEGI: Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares (2024).
  • CONSAR / IMSS: Normativa sobre retiros parciales por desempleo.
  • OCDE: Employment Outlook 2025 y notas sobre discriminación laboral.
  • OMS: Informes sobre determinantes sociales de la salud mental y desempleo.
  • OIT: Marcos de protección social.

Oxfam México es parte de un movimiento global que trabaja en alrededor de 80 países para poner fin a la injusticia de la pobreza y acabar con la desigualdad. 

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