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¿Celebrar la cultura o explotar el trabajo? El Mundial también se borda con desigualdad

México ama los bordados indígenas. Los pone en campañas internacionales, jerseys mundialistas, pasarelas y spots turísticos. Los convierte en símbolo nacional, en orgullo cultural, en “la esencia de México”.

Pero hay algo profundamente contradictorio en convertir el trabajo artesanal en símbolo de orgullo nacional mientras quienes lo realizan continúan atrapadas en esquemas de desigualdad, precariedad y explotación.

La polémica alrededor de la colección de Adidas y Someone Somewhere para la Selección Mexicana —acusada de pagar alrededor de 36 pesos por hora a artesanas indígenas cuyos bordados fueron utilizados en prendas vendidas bajo discursos de orgullo cultural y colaboración artesanal— no abrió solamente una discusión sobre una marca. Abrió una discusión sobre algo mucho más profundo: la manera en que el mercado ha aprendido a romantizar el trabajo artesanal mientras invisibiliza las condiciones materiales de quienes lo sostienen.

¿Colaboración o maquila?

Porque llamar “colaboración” a cualquier vínculo entre marcas y comunidades artesanas no lo convierte automáticamente en algo justo.

“Colaboración” es una palabra cómoda. Suena horizontal, ética, moderna. Idealmente, sugiere reconocimiento mutuo y beneficio compartido. “Maquila”, en cambio, incomoda. Obliga a hablar de mano de obra barata, de desigualdad y de quién se queda realmente con la ganancia mientras otras personas sostienen el trabajo invisible. Y quizá por eso cuesta tanto nombrarlo.

La estética de lo “hecho a mano”

Hoy, “hecho a mano” vende autenticidad en un mundo saturado de producción masiva. Las marcas ya entendieron que “lo artesanal” no es solamente un objeto: es una narrativa emocional. Un bordado puede convertir una playera en identidad nacional. Puede transformar el consumo en experiencia moral. Puede hacer sentir a quienes compran que están adquiriendo algo “auténtico”, “ético” o incluso “consciente”.

Pero detrás de toda esa narrativa existe una pregunta incómoda que rara vez aparece en las campañas de marketing: ¿cuánto vale realmente el trabajo de las personas que producen esa autenticidad?

Porque cuando el trabajo artesanal se paga mal, se invisibiliza y sólo se usa como herramienta de marketing para vender una idea aspiracional de “mexicanidad” a beneficio de unos cuantos a costa de la explotación de otros. En ese sentido, no hablamos de colaboración, hablamos de precarización.

Cuando el prestigio y las ganancias se concentran arriba, mientras quienes producen el valor cultural reciben pagos mínimos, hablamos de explotación

Cuando las comunidades participan únicamente en la producción, pero no en las decisiones ni en la distribución real de los beneficios económicos hablamos de desigualdad.

Y hablamos de apropiación cuando la identidad indígena se convierte en mercancía global mientras las trabajadoras artesanas indígenas continúan enfrentando precariedad económica y exclusión estructural.

La explotación disfrazada de admiración

Lo más incómodo es que muchas veces esta explotación viene disfrazada de admiración. Es decir, mientras más romántica es la narrativa sobre tradición y comunidad, más fácil parece borrar la conversación sobre salarios justos, derechos laborales, acceso a seguridad social e incluso la distribución justa de la riqueza. El trabajo artesanal deja entonces de verse como trabajo especializado y comienza a tratarse como patrimonio disponible para el consumo.

No es casualidad que gran parte de este trabajo recaiga en mujeres indígenas.

Históricamente, el trabajo textil y artesanal ha sido feminizado y atravesado por las redes de cuidado y la vida comunitaria. Como si bordar fuera una habilidad espontánea y no una práctica compleja que requiere tiempo, técnica y conocimiento transmitido entre generaciones.

Y quizá ahí está el centro del problema: el mercado global aprendió a monetizar la estética indígena sin transformar necesariamente las condiciones de vida de las personas indígenas.

Lo que el mercado no quiere nombrar

México quiere exportar una imagen moderna, orgullosa y culturalmente diversa rumbo al Mundial 2026. Quiere vender bordados, colores, tradición y mexicanidad. Pero sigue pendiente una conversación mucho más incómoda: quién sostiene esa identidad cultural y en qué condiciones laborales lo hace.

No olvidemos que en México cerca del 55% de la población ocupada se encuentra en la informalidad (INEGI 2025), mientras millones de personas viven en situación de pobreza laboral. Estas condiciones afectan de manera desproporcionada a las mujeres, particularmente a las mujeres indígenas y trabajadoras del sector artesanal.

De hecho, con el 54.3% de la fuerza laboral sin acceso a seguridad social, la informalidad laboral se ha convertido en una de las bases de la economía mexicana, profundizando las desigualdades entre quienes tienen acceso a empleos formales y quienes sobreviven en esquemas laborales precarios e invisibilizados (Oxfam México, 2024).

Parte del problema es también estructural. El trabajo artesanal muchas veces ni siquiera se reconoce socialmente como una actividad económica de alto valor. Se percibe como algo que se hace “en el tiempo libre”, “por tradición” o “porque siempre se ha hecho así”.

Y aquello que no se reconoce como trabajo difícilmente recibe derechos, protección o remuneración justa.

La invisibilización es tan profunda que incluso resulta difícil conocer con precisión cuántas personas se dedican al trabajo artesanal en México o bajo qué categorías económicas deberían contabilizarse. En ocasiones se les vincula al turismo; en otras, a microemprendimientos informales. Pero rara vez se les reconoce plenamente como personas trabajadoras que sostienen una parte importante de la identidad cultural y económica del país (Defensoras Laborales, 2019).

Reconocer sin apropiarse

Lo justo no es romantizar la artesanía por la euforia mundialista mientras se regatea el trabajo artesanal, lo justo sería reconocerlo sin apropiarlo. Pagar justamente por él. Garantizar transparencia, condiciones dignas y el ejercicio pleno de derechos laborales, incluyendo acceso a seguridad social y participación económica real para las mujeres y comunidades que producen esa riqueza cultural.

También implica reconocer el trabajo artesanal por lo que realmente es: trabajo. Un trabajo especializado, complejo y fundamental para la identidad cultural y económica del país, que merece dignidad, derechos y reconocimiento al igual que cualquier otro.

Y quizá, también deberíamos cuestionarnos ¿qué tan “ético” es un consumo que admira la cultura indígena, pero no exige justicia para las personas trabajadoras detrás de ella? Porque hablar de esto es hablar de justicia social y económica para las personas trabajadoras y, especialmente, para las mujeres artesanas.


Fuentes y referencias

Proceso. (2026, mayo 17). Denuncian abuso laboral y atropello a la cultura indígena en colección de Adidas para la Selección. Proceso. https://www.proceso.com.mx/cultura/2026/5/17/denuncian-abuso-laboral-atropello-la-cultura-indigena-en-coleccion-de-adidas-para-la-seleccion-374141.html

Periódico Central. (2026). Artesanas de Naupan bordaron para Adidas por 36 pesos la hora; denuncian abusos de Someone Somewhere. Periódico Central. https://www.periodicocentral.mx/deportes/artesanas-de-naupan-bordaron-para-adidas-por-36-pesos-la-hora-denuncian-abusos-de-someone-somewhere/483981/

México, ¿cómo vamos? (2026, febrero). La pobreza laboral cierra 2025 en 32.3% de la población: mínimo histórico de la serie. México, ¿cómo vamos? https://mexicocomovamos.mx/publicaciones/2026/02/la-pobreza-laboral-cierra-2025-en-32-3-de-la-poblacion-minimo-historico-de-la-serie/

Defensoras Laborales. (s.f.). Artesanal: hallazgos cualitativos. Defensoras Laborales. https://defensoraslaborales.mx/artesanal-cualitativos/

Oxfam México. (2024). El laberinto de la informalidad. Oxfam México. https://oxfam.mx/wp-content/uploads/2024/11/El-laberinto-de-la-informalidad.pdf

Oxfam México es parte de un movimiento global que trabaja en alrededor de 80 países para poner fin a la injusticia de la pobreza y acabar con la desigualdad. 

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