México ama los bordados indígenas. Los pone en campañas internacionales, jerseys mundialistas, pasarelas y spots turísticos. Los convierte en símbolo nacional, en orgullo cultural, en “la esencia de México”.
Pero hay algo profundamente contradictorio en convertir el trabajo artesanal en símbolo de orgullo nacional mientras quienes lo realizan continúan atrapadas en esquemas de desigualdad, precariedad…
