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Que el lujo pague su boleto. Impuestos al transporte VIP

En México y el mundo, la crisis climática es una crisis de desigualdad. En un extremo, los más ricos generan una proporción desmedida de emisiones a partir de patrones intensivos de inversión, consumo y movilidad. Por su parte, las poblaciones más empobrecidas enfrentan con menos recursos los efectos del deterioro ambiental, las olas de calor, las sequías, las inundaciones y otros fenómenos climáticos extremos. La concentración extrema de la riqueza se refleja directamente en la distribución de las emisiones de gases de efecto invernadero y en la capacidad de las personas para enfrentar sus consecuencias.

Según datos de 2023, el 10 % más rico del mundo es responsable de 48 % de las emisiones totales globales, mientras que el 50 % más pobre apenas genera 8 % de las emisiones a nivel mundial. La desigualdad es todavía más drástica si observamos a los ultrarricos de la sociedad global, pues una persona en el 0.1 % más rico del mundo emite más carbono durante un día que una persona del 50 % más pobre del mundo en todo un año.

Estas cifras reflejan una tendencia creciente desde hace más de treinta años, pues la proporción de las emisiones de los más ricos se ha incrementado en 13 % desde 1990 y la que corresponde al 0.1 % más rico ha crecido en 32 %, mientras que las emisiones correspondientes al 50 % más pobre han decrecido en 3 % en el mismo periodo.3 A su vez, tan solo las emisiones de carbono del 1 % más rico de la población mundial en 2019 fueron suficientes para causar 1.3 millones de muertes en exceso debido al calor y se estima que provocarán daños equivalentes a 44 billones de dólares en países de ingresos medio-bajos y bajos hacia 2050. Tal parece que para los ultrarricos resulta muy barato ser grandes contaminantes y no pagar lo justo por aprovechar los recursos y la infraestructura de todas.

Una de las expresiones más visibles de esta desigualdad climática es el consumo suntuario o de lujo. Aquellos bienes cuyo consumo no es esencial y produce impactos ambientales desproporcionados pueden identificarse como “lujo sucio” (dirty luxury). Se trata de bienes y servicios asociados al alto poder adquisitivo cuyo uso implica elevados niveles de consumo energético, extracción de recursos y generación de emisiones. Además, los grupos de mayores ingresos concentran una proporción desmedida de las emisiones asociadas al transporte aéreo y al consumo energético. Greenpeace ha señalado que el 1 % más rico de la población es responsable de la mitad de las emisiones de la aviación global, mientras que 80 % de la población mundial nunca ha volado en su vida.

Así, el consumo de lujo no solo indica los excesos de unos pocos y cómo se aprovechan de su poder económico y estatus, sino también una fuente relevante de emisiones que profundiza la crisis climática. Conforme aumenta la concentración de la riqueza, también se expande la demanda de bienes intensivos en carbono que benefician a una minoría, pero cuyos costos ambientales debemos pagar todas las demás. 

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Los medios de transporte de lujo son de las formas más contaminantes de consumo suntuario, particularmente los aviones privados, los superyates y los autos de gama alta. Estos son responsables de un consumo energético sumamente alto, un uso intensivo e ineficiente de combustibles fósiles y un acceso concentrado en una minoría de muy altos ingresos. En pocas palabras, generan enormes cantidades de emisiones para beneficiar a muy pocas personas. Estos vehículos forman parte de una verdadera aristocracia del carbono.

La aviación privada alcanzó al menos 15.6 megatoneladas de CO2 en 2023, con un promedio de 3.6 toneladas por vuelo y sus emisiones aumentaron 46 % entre 2019 y 2023. Además, los jets privados son entre cinco y catorce veces más contaminantes por pasajero que los vuelos comerciales y 50 veces más que los trenes. Un vuelo privado de Londres a París, por ejemplo, contamina seis veces más por pasajero que un vuelo comercial. En la actualidad, México compite con Brasil por ser el segundo país con más aviones privados en el mundo.

Por su parte, los superyates representan otra expresión extrema de emisiones asociadas al lujo: un megayate con tripulación permanente, helipuerto, submarinos y piscinas puede emitir alrededor de 7,020 toneladas de CO2 al año, aproximadamente 1,400 veces más que la huella de carbono per cápita mundial.10 El crecimiento sostenido de este tipo de embarcaciones y aeronaves evidencia cómo ciertos patrones de movilidad exclusivos producen daños ambientales desproporcionados y refuerzan dinámicas de elitismo y desigualdad.

En este contexto, el objetivo de este documento es mostrar que hay medidas de política pública capaces de desincentivar el uso de medios de transporte de lujo y conseguir fondos que se destinen a acciones climáticas concretas, al tiempo que se reducen emisiones contaminantes. En particular, se argumenta que los impuestos a los medios de transporte de lujo constituyen una herramienta relevante para avanzar simultáneamente en materia de justicia fiscal y justicia climática.

Para ello, primero se analizan argumentos generales sobre por qué la regulación de los medios de transporte de lujo es relevante para la justicia climática y fiscal. También se analiza el estado del debate internacional sobre el tema y algunas iniciativas de avanzada en la materia. Posteriormente, se presenta información para explicar la situación de los medios de transporte de lujo en México y el problema ambiental y fiscal que representan en distintos niveles. Más adelante, la sección principal del documento incluye tres escenarios con distintas combinaciones de instrumentos tributarios para regular los medios de transporte de lujo en México. En cada caso se discuten algunos detalles técnicos de las propuestas y se explican las estimaciones de potencial recaudatorio y de gasto. Por último, se sintetizan los argumentos principales del texto y se ofrecen algunas conclusiones sobre la necesidad urgente de tomar acción en este ámbito.. 

Oxfam México es parte de un movimiento global que trabaja en alrededor de 80 países para poner fin a la injusticia de la pobreza y acabar con la desigualdad. 

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